Aunque es partidista, olvidémonos de las formas y vayamos al contenido. Después de ver el vídeo, nos ponemos a trabajar el artículo “ciudadanía caopolita”.
Aunque es partidista, olvidémonos de las formas y vayamos al contenido. Después de ver el vídeo, nos ponemos a trabajar el artículo “ciudadanía caopolita”.
LA SENSATEZ ILUSTRADA: HACIA UNA CIUDADANÍA CAOPOLITA
La patria de verdad es el mundo en que estamos todos. Y hay un único caos: no saber de dónde venimos ni adónde vamos. Todos venimos de un caos que tenemos que ordenar, no es que venimos del orden y nosotros lo desordenamos. Venimos del caos y los órdenes los creamos nosotros. Entonces la tarea ciudadana es crear un orden que corresponda a esa patria única que es el mundo, y no en las patrias fraccionarias en las que vivimos. Hoy las ideologías omnicomprensivas han dado paso a puzzles idiosincrásicos para casar los derechos humanos con las identidades culturales, el laicismo estatal y la tolerancia a todo tipo de creencias religiosas, etc. Pero es así como se forma el caos y no el cosmos. Es decir, la ciudadanía no excluyente es caopolita. En consecuencia, si la ética significaba una superación –no sustitución– de una concepción política equivocada, ahora se convierte en una preparación a la ciudadanía. Porque los ciudadanos no surgen de las piedras sino que hay que cultivarlos. Esto requiere resaltar una serie de valores que, dentro de toda la variedad de la que podemos elegir, representan las cláusulas de la ciudadanía caopolita. Siempre atendiendo como referencia a los valores de la vida y de la libertad, sintetizo en cinco cláusulas la idea de ciudadanía:En primer lugar, la dignidad entendida como un trato por razón de los méritos y no por la raza, sexo, lengua, etc. A continuación resaltaría la autonomía. Ésta representa la libertad y excelencia en los planes de cada uno, pero sin colisionar con los de otro. En tercer lugar puedo mencionar la inviolabilidad de la persona en su dignidad y autonomía anteriores. La hospitalidad aparece en cuarto lugar. Lograr dar el paso desde una hospitalidad del nosotros entendida como no-a-otros a la hospitalidad de un nosotros sin requisitos previos ni exclusiones; un nosotros al que nada humano le resulta ajeno. Dentro de esta hospitalidad me gustaría incluir el auxilio a la persona que padece los males de nuestra condición. Este auxilio es muy valorado pues la exclusión es incompatible con el concepto de ciudadanía caopolita que estoy analizando. Por último, la formación y permanencia de estos valores no pueden aplicarse sin un contexto de deliberación y defensa. De este modo, aparece un quinto valor imprescindible para la «bondad» de la ciudadanía: es la «racionalidad comunicativa». Desde este planteamiento, el auténtico ciudadano es quien participa en las deliberaciones públicas desde un cauce racional y razonable, sin olvidar a unos representantes que son los que directamente ejercen el poder social. A todas las actitudes apuntadas habría que añadir la igualdad ante la ley, la libertad de palabra y el respeto a los ciudadanos. Estos valores sociales formarían parte de la solidaridad y la justicia social. Esta ciudadanía caopolita se basa en la siguiente afirmación: lo que conviene a los hombres no es producir más cosas, sino más humanidad. Es incuestionable que se está mostrando una clara actitud humanista –no humanitaria– caracterizada por una libertad de conciencia o un respeto a la autonomía racional privada, un espíritu ilustrado como búsqueda y también prudencia intelectual, un laicismo o defensa de intereses civiles a creyentes y no creyentes sin negación o persecución de las creencias religiosas, etc.Por tanto, la ciudadanía no pretende sólo proteger las vidas, sino instituir las libertades, educar en valores universales, administrar los asuntos humanos de forma supranacional y, ante todo, impartir una educación que busque apreciar, elegir y sobre todo, comprender. Debemos intentar desarrollar este proyecto porque consiste en una mejora personal. Me gustaría recalcar, para terminar, que necesitamos llegar a una organización social, donde las leyes e instituciones políticas, aunque independientes de cualquier orden moral, necesiten respetar, para su propio crecimiento, una serie de valores universales. Es en este contexto donde los individuos ponen en práctica y demuestran su ciudadanía. Sean cuales sean los demás valores y virtudes que esos ámbitos y esas personas –ya ciudadanas– desarrollen, si éstos se aproximan o añaden a los aquí expuestos, podremos estar seguros que se habrá cumplido el deseo ético de una sensatez ilustrada y estaremos próximos a esa vida buena tan ansiada. Todo esto es lo que intenta exigir la sociedad civil, en democracia, a la ciudadanía. Y, ¿cómo se cumplirá? Con (un) valor: el de educar.
PREGUNTAS
1.- Hoy en día ¿sólo nos distingue el lenguaje, las leyes y las costumbres?2.- Que una persona sea amable o antipática, generosa o tacaña, ¿influye para que sea un buen ciudadano?3.- ¿Qué componente ético se puede encontrar en la sociedad como integrante de un proceso mayor de eticidad?4.- ¿Qué bienes son de tal valor intrínseco que se hacen necesarios acompañar a los valores anteriores, para formar al ciudadano?5.- No desde la estética, sino desde la política, ¿me dejarían pertenecer al mundo?
Buscar preguntas adecuadas a las siguientes afirmaciones o respuestas.
A continuación, y por grupos, ponéis en común todas las preguntas y elegimos una o dos por frase.
Por último, realizamos una puesta en común resaltando todas las preguntas de los diversos grupos.
1.- … lo que conviene a los hombres no es producir más cosas sino más humanidad.
2.- … entender la ciudadanía como el arte de vivir. Es decir, la ciudadanía como un proceso creador que supera al Estado por una vía ética.
3.- … no es verdad que todas las personas, por el hecho de serlo, sean ciudadanas.
4.- … esta es una ciudadanía que des-responsabiliza.
5.- …se debería cambiar el concepto de pertenencia por el de participación.
6.- …sirven para todos sean de donde sean.
7.- … no somos hijos del orden.
8.- … acabada la solidaridad, la camaradería y el compañerismo, hemos entrado en el reino de la compasión. Vivimos en la dictadura de la emoción sobre la razón.
9.- … una ciudadanía madura orienta el conflicto hacia el diálogo.
10.- …la ética busca mejorar a las personas, la política busca mejorar a las instituciones…
PREGUNTAS posibles para las afirmaciones de la lectura.
1.- ¿Qué significa crecer en humanidad?
2.- ¿Qué habría que hacer para que todos los seres humanos se sintieran ciudadanos del mundo?
3.- ¿Qué se quiere decir cuando se habla de “ciudadanos de primera” y “ciudadanos de segunda”?
4.- ¿Basta con votar para resolver los problemas democráticamente?
5.- ¿Qué significa que pertenencia y justicia son los componentes de la ciudadanía?
6.- ¿Es necesario que los Estados llamados democráticos respeten los derechos humanos?
7.- ¿Por qué se negaba Sócrates a decir que era de Atenas?
8.- ¿Qué aspectos del concepto de ciudadanía consideras que se realizan en tu vida actualmente?
9.- ¿Por qué se dice que la ciudadanía es un “concepto mediador”?
10.- ¿Qué consecuencias se derivarían de un supuesto rechazo de los contenidos de la ética de los ciudadanos?
Nuestro compañero Rafael Robles ha abierto una página con unos vídeos sobre los artículos de los derechos humanos . Merece verse y trabajarla. Aquí está el enlace. Lo comentaremos artículo por artículo y lo debatiremos.
llamado mundial contra la pobreza
SYLVIA BORREN, DIRECTORA EJECUTIVA DE NOVIB/OXFAM LOS PAÍSES BAJOS
Millones de personas a lo largo y ancho del planeta volvieron a responder ayer al Llamado Mundial contra la Pobreza (GCAP). Desde el baño en la céntrica fuente de la plaza Moyua de Bilbo a cargo de representantes de seis grupos contra la exclusión social, a los 70.000 asistentes al partido entre Brasil y Ecuador que en el mítico Maracaná realizaron una gigantesca ola. Fueron sólo dos ejemplos del clamor de la sociedad civil.
¿Cómo surge este Llamado?
Con el arranque del milenio, en las Naciones Unidas nace una preocupación por cambiar el curso de la historia. Es entonces cuando se definen las metas de desarrollo del milenio o lo que se ha dado en llamar los Objetivos del Milenio. El llamado global para la acción contra la pobreza nace entonces en 2004, cuando un grupo de organizaciones civiles se reúnen en Johannesburgo para preparar la campaña. Se consideraba que el año 2005 era un año importante para dejar ver qué es lo que los gobiernos deberían hacer para poder cumplir con los Objetivos del Milenio. Ahora, la campaña GCAP articula ya a más de un centenar de plataformas nacionales en el mundo.
«Desde la caridad hacia la justicia», defienden. ¿Qué significa?
Quiere decir que por muy importante que sea toda la ayuda, ya sea de iniciativas privadas o cooperación internacional, en el combate contra la pobreza mundial sólo se logran resultados sostenibles con la voluntad política de los gobiernos, en un esfuerzo conjunto con la sociedad civil y el sector privado. Por eso, `el hacer justicia’ es importante para reducir las desigualdades y crear nuevos espacios de incidencia.
El año pasado, GCAP y la Campaña del Milenio de la ONU pusieron en pie contra la pobreza a 23,5 millones en más de cien países. ¿El suyo es un mensaje que ha calado?
Todavía me llena de inspiración el gran número de personas que se levantó contra la pobreza el año pasado. Me da pena que a pesar del éxito, casi no se dio cobertura en los medios de comunicación. Espero que eso cambie este año.
¿Es difícil dar continuidad a movilizaciones de estas características, que están concebidas a nivel internacional?
Nosotros vemos que la demanda por la justicia es un fuerte factor movilizador. Se reconoce que la demanda es una demanda política en el sentido que expone y critica las relaciones de poder existentes. Y se hace un llamamiento a la sociedad para que se movilice, actúe, presione a los líderes políticos y exija, como primer paso en la erradicación de la pobreza, el cumplimiento de los Objetivos del Milenio para 2015. La alerta civil la establecen los ciudadanos activos en este mundo.
Usted asegura que las cifras de los millones de personas en el mundo que sufren hambre o pasan pobreza, se vuelven abstractas. ¿Qué quiere decir?
Corremos el serio riesgo de ver a las personas pobres simplemente como una «cifra» y olvidarnos que son ciudadanos y ciudadanas con derechos, con sueños y proyectos de vida. La pobreza extrema es cotidiana para casi un millón de personas que subsisten con menos de un dólar por día. Cerca de 800 millones tienen un poco más, pero igualmente tienen una alimentación insuficiente para satisfacer sus necesidades básicas. Casi tres de cada cuatro de estas personas son mujeres. Son las mujeres las que en su mayoría cargan el peso de la pobreza, son las que trabajan más duro para salir de su situación, y son las que menos poder de decisión tienen sobre su futuro. Por su envergadura, las cifras se vuelven abstractas, y no se ve el nivel de pobreza e injusticia que vive cada persona en esa situación. Por eso creo que es un desafío para cada ciudadano en el mundo entender el sufrimiento humano que genera la pobreza, y cómo podemos incidir en cambios a través de nuestro comportamiento y a través de nuestras demandas públicas. Esperamos poder tocar a los ciudadanos «en su corazón» para que se puedan conectar con esta causa.
A la movilización de este año han querido también ustedes imprimirle un carácter más político. ¿En qué sentido?
Este año hemos tratado de hacer todos los esfuerzos para que los objetivos sean no solamente «viables» desde el punto de vista técnico y económico, sino también desde el político, es decir, creando la voluntad política necesaria por parte de los estados y los gobiernos. Sin esta voluntad política, no lograremos el cumplimiento de los objetivos. La participación de más grandes masas de ciudadanos en una demanda más ambiciosa hace que la campaña sea más poderosa y en ese sentido política, pero se trata de una movilización de ciudadanos, no de partidos políticos.
¿Los Objetivos del Milenio se diluyen cada día que pasa?
Estoy convencida de que los líderes políticos necesitan tener como contrapeso a una sociedad crítica, que no sólo vota por ellos, sino que también expresa muy claramente sus demandas. De otra manera, las promesas, como los Objetivos del Milenio, nunca se realizarán. La Comisión Europea y los gobiernos de la Unión utilizan grandes palabras sobre la necesidad de combatir la pobreza y sobre su esfuerzo de realizar los Objetivos del Milenio. Y, sin embargo, observamos que la planificación financiera para 2013 demuestra una reducción de la contribución a educación, salud, el combate al sida, el tema de justicia de género…
Joseba VIVANCO
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Una idea para la izquierda: la Renta Básica de Ciudadanía
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ACE más de doscientos años, cuando las mujeres francesas, al amparo de la Revolución más transformadora de toda la historia, solicitaron ya el reconocimiento de sus derechos políticos, y años después lucharon, junto al resto de las europeas, por el derecho a la representación política y al sufragio, filósofos, pensadores y revolucionarios del momento se echaron las manos a la cabeza argumentando que aquello era una idea de locos. O de locas. ¿Qué es eso de que las mujeres tengan derecho al voto? Pues bien, hoy nadie cuestiona esa conquista democrática que, en su momento fue una auténtica bomba de relojería ideológica adosada a las estructuras sociales y políticas del Estado moderno. Hoy es un derecho, no de ellas, sino de toda la ciudadanía. Pero para que esto fuera efectivo, se tuvieron que romper numerosas barreras de orden ético y moral. Pues bien, algo similar está ocurriendo con una idea que no es nueva, pero sí muy atrevida. Porque esta también supone un desafío ético. Porque cuestiona la dominación capitalista y sus perversos efectos sobre la libertad real de la gente. Suena a viejo pero es nuevo. Y además atrevido. El día 2 de octubre, el Congreso de los Diputados rechazó una propuesta de ERC y de IU-ICV para crear una Renta Básica de Ciudadanía (en adelante RB) ¿Qué demonios es esa idea que algunos diputados consideraron como reaccionaria, insolidaria, inviable y, hasta diabólica? No es de extrañar esta lectura. Ese análisis, del que participaron el PSOE, el PNV CiU y el PP, demuestra el altísimo nivel de contaminación ideológica y argumental de nuestro pensamiento político, un ideario sometido al control liberal y capitalista que rige nuestras neuronas intelectuales. La RB es una idea absolutamente revolucionaria que supone que el Estado paga un ingreso no embargable a cada miembro de pleno derecho de la sociedad o residente, incluso si no se quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre, o dicho de otra manera, independiente de cuales puedan ser sus fuentes de renta. Por tanto, no es un subsidio, ni una subvención, ni una ayuda para pobres, ni un seguro condicionado. No hay que cumplir ningún requisito, ni demostrar que se es pobre, tampoco que se es rico, ni certificar con quien se vive, no hace falta estar en paro, ni estar buscando empleo. No hay que demostrar nada. No responde a ninguna contraprestación. Porque ésta es una idea que trata de abordar la redistribución de la renta en sentido progresivo, una idea que busca la socialización de la riqueza sin que ello dinamite las conquistas sociales ya alcanzadas por el Estado de Bienestar. Ésta es una propuesta republicana en la medida que se plantea como derecho universal de ciudadanía. Y sé que cuesta asimilarla. Porque requiere procesamiento ético y atrevimiento moral para digerirla. Una idea para estómagos fuertes, socialmente hablando. Porque se presta a múltiples preguntas que emergen de la racionalidad liberal, capitalista y clasista que domina nuestro pensamiento político y ético más íntimo. La primera barrera ética que debe superar es que esta Renta se concede al margen de que se quiera trabajar o no ¿servirá entonces para fomentar la vagancia, se preguntarán? Hay un 5% de la población, considerada rica y muy rica que nace absolutamente libre para decidir qué hacer con su vida. Sin pedir permiso a nadie para vivir. Y no por ningún derecho asimilado. Sólo porque es muy rica. Y nadie cuestiona esa libertad de elección de no hacer nada. Esta propuesta trata de trasladar esa elección al 95% restante de la población que no es libre a la hora de elegir qué hacer con su vida. Esta propuesta proporciona libertad de la auténtica y autonomía de la de verdad. Porque permite ganar libertad real al disponer de capacidad económica sin tener que pedir permiso a nadie para existir. Porque permite a la gente gestionar su propio proyecto vital sin tener que hipotecar sus derechos políticos, que no reales, ante el chantaje permanente de los poseedores de riqueza que la utilizan como herramienta de sumisión. Hay en España 8,5 millones de pobres que podrían abandonar este escandaloso estado e iniciar proyectos personales y profesionales hasta ahora no viables. Hoy esa gente no es ciudadana. Su libertad política es una libertad de saldo. Porque su libertad está a precario. Un ejemplo, hay tres millones de jóvenes con contratos basura que podrían tener la opción de renegar a ellos si pudieran disponer de este derecho. Lo demoledor de este dato es que el empleador precarizante se vería obligado a mejorar esos contratos si quiere mantener su negocio. Y es que la RB tiene un efecto dinamitador sobre la economía sumergida. La RB no generará parasitismo social. Y ésta es una lectura que se hace desde la indolencia conformista. ¿Por qué nadie cuestiona a aquéllos que viven a costa de otros, a aquellos parásitos permitidos y blindados por el sistema? Muy pocas personas buscan no trabajar realmente. Al contrario, se busca realizar una actividad deseada, que nos reconozca, que nos permita realizarnos, que nos haga sentirnos bien. Esta propuesta ayuda a esa realización personal. Porque permite trabajar y seguir cobrando esta renta. El activo que incorpora es que tendríamos mayor elección laboral y personal. Porque tendríamos un blindaje fijo. Un plus de poder, de negociación personal. De ahí que esta idea tampoco guste a ciertos sindicatos, los cuales verían reducido su papel protector y su volumen de negocio. La RB es viable económicamente. ¿Saben ustedes que, de 100 euros que el Estado se gasta en ayudas sociales de todo tipo y condición: pensiones, desempleo, salarios sociales, medidas contra la pobreza y otras ayudas y prestaciones, sólo 40 van a parar a los bolsillos de la gente y los 60 euros restantes se gastan en gestionar esas ayudas, es decir en pagar a un enorme ejercito de fiscalizadores sociales? La RB reconvertiría parte del Estado de Bienestar, puesto que sustituiría al resto de prestaciones que ahora da el Estado (pensiones, subsidios por desempleo, ayudas sociales) siempre y cuando éstas fueran inferiores a esa renta. La RB es factible -un estudio empírico de viabilidad financiera sobre la base de 2.500 declaraciones de renta en Cataluña así lo confirma- porque evitaría esa gestión, o gran parte de ella. Es factible a través de una reconversión del IRPF y del sistema de ayudas sociales. Y esto no es populismo. Es posibilismo. En Alaska, cada uno de los 600.000 habitantes cobra 2.200 euros anuales, en este caso pagados por una multinacional petrolífera, que dice que el petróleo es de todos.El pasado día 2 de octubre esta idea hizo su entrada de honor en el Congreso. Y salió malparada. Era de esperar. Pero se abre un interesantísimo debate que la izquierda debería liderar y que, como plantearon los diputados que la defendieron, será uno de los más importantes e intensos que se produzcan en los próximos 15 años. Y yo añado: eso, si la identidad, la bandera, el terrorismo, la territorialidad, el Paquirrín y toda la factoría de productos políticos mediáticos desplegados por los media y la clase del establishment dominante no lo impide. Porque los problemas reales de la gente siguen ahí, esperando una respuesta. |
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