En la bitácora de Aníbal de la Torre aparece este artículo que me gusta para comentarlo. Sobretodo relacionándolo con algo tan polémico como el velo en las aulas. Yo me pregunto: nuestra sociedad que cada vez tiende más al uniforme, que tiene asignatura de religión obligatoria y que cada vez alarga más la moda corta juvenil, ¿está preparada o tiene derecho para hablar del velo? Ahí va el artículo.
Uniformes escolares con microchips
Se ruega a algún profesor de guardia acuda al pasillo de la segunda planta; un par de alumnos se han escapado de clase y se están dedicando a decorar de manera altruista algún cuarto de baño…
…pero si Carmen estaba aquí a primera hora, como es que ahora no está…
…que nooooo, que no dejéis que vayan al baño en clase, que luego acaban dando un baño a alguien…
Problemillas de intendencia que parece querer resolver en el Hungerhill School in Doncaster, South Yorkshire, donde de manera experimental, en los uniformes han instalado unos microchips que en cada momento envían señal a los ordenadores de los profesores indicando la posición de los alumnos. No son los únicos y me recuerda esto a las mochilas japonesas, de las que me hice eco en alguna ocasión, que incorporan dispositivos GPS para que sus padres puedan controlar los movimientos de sus enanos.
En mi Instituto, este curso, se han instalado cámaras que cubren todos los pasillos de la ESO para controlar un poco el movimiento de los mil muchachitos y muchachitas que se encuentran bajo nuestra responsabilidad. Tenemos zona amarilla junto a la vaya del patio, la cual está prohibido pisar para evitar contactos con personas del exterior, los puestos de guardia de recreo y funciones están perfectamente delimitados y muchas cosas más que os serán muy familiares a muchos profes de secundaria.
En fin, lo sé, la polémica está servida: es inmediato el debate sobre cuestiones relacionadas con privacidad, derechos individuales, libertad, seguridad, y productos derivados. En mi caso, yo lo tengo muy, pero que muy claro: estoy convencido que ante cualquier pequeño resbalón que demos con un menor, la demanda está servida. De la misma forma sabemos que los Centros educativos parecen ser el último reducto donde a los ciudadanos padres asnos se les permite dar voces e insultar a todo lo que se menea. Así que, toda medida que se adopte para preservar la protección de los menores y que no vulnere su intimidad mientras que se encuentra en el baño…
Soy de los que piensa que los Centros educativos deberían ser espacios abiertos, de intercambio y de educación comprensiva. Por cierto, en esta línea que nadie se pierda lo que el maestrazo Juan Freire nos contaba sobre algunos casos de diseño de espacios para comunidades educativas creativas.
Soy consciente además, que en ocasiones podemos caer en transformar los espacios educativos en algo más parecido a una cárcel que a lo que deberían ser; pero también opino, que a la sociedad en la que estamos integrados ahora tenemos que decirle A GRITOS, que los Centros Educativos son lugares bien organizados, que tienen en sus manos la más importante labor que un ser humano pueda tener (la de educar a sus menores) y, sobre todo, que son lugares que tienen que tener casi consideración de culto y a cuyos profesionales hay, cuando menos, que ayudarles en lo máximo que se pueda.
Anda contra!, yo que quería hablar de microchips y mira cómo he terminado.